Desde que el pasado 16 de junio HILLOCK PARK fue publicada en versión digital, lleva permaneciendo en el Top 100 de ebooks más vendidos en Fnac.
Estoy muy sorprendida de la calidad de los libros con las que mi novela comparte espacio y a los que ha superado en ventas. Me ilusiona y sorprende su buena acogida, sobre todo al tratarse de mi primera publicación y de que mi nombre aún es desconocido entre los lectores.
Si alguien desde Fnac está recomendando Hillock Park, desde aquí quiero manifestar mi sincero agradecimiento. Del mismo modo, lo agradezco a los lectores y a aquellos que han confiado en mi novela.
Un abrazo.
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jueves, 4 de septiembre de 2014
viernes, 29 de agosto de 2014
Robert Owen y el Socialismo utópico.
Hijo de un artesano galés, autodidacta y empresario en la industria textil de algodón, Robert Owen, junto con unos socios, compró en 1799 la fábrica textil de New Lanark (Escocia).
Conmovido por las consecuencias sociales de la
introducción del capitalismo durante la primera revolución industrial,
buscó la forma de promover una sociedad mejor desde su posición como
empresario. Su gestión fue un experimento innovador, pues consiguió que
la empresa arrojara beneficios introduciendo mejoras sustanciales para
los trabajadores: elevó los salarios, sentó las bases de una seguridad
social mutualista y proporcionó a los obreros condiciones dignas de
vivienda, sanidad y educación. Este último fue para él el objetivo
esencial, pues consideraba que una educación liberal y solidaria sería
el mejor instrumento para acabar con la delincuencia y poner las bases
para un futuro de justicia e igualdad.
Owen fue un
pionero del socialismo, inspirado aún por la fe de los pensadores
ilustrados del siglo XVIII en el progreso humano y en la posibilidad de
reformar gradualmente la sociedad mediante la razón, el convencimiento y
la educación. Marx y Engels le clasificarían más tarde entre los
socialistas que llamaron utópicos (en su época se cosideró un comunista utópico), ya que se esforzaban por diseñar una sociedad futura ideal (como la Utopía de
Tomás Moro), confiando en que bastaría el ejemplo de unas pocas
comunidades ideales de este tipo para convencer a la humanidad de sus
ventajas y extender así el modelo de forma pacífica; al mismo tiempo, el
término sugería que estos primeros socialistas europeos sostuvieron
ideales quiméricos al soñar ingenuamente que podría pasarse al
socialismo sin pasar por una revolución.
Sin
embargo, sus socios capitalistas en New Lanark desaprobaron una gestión
tan generosa hacia los obreros y le desplazaron de la dirección. En el
futuro, Owen pasaría a confiar más en la acción del Estado como impulsor
de las reformas sociales necesarias que las clases acomodadas no iban a
adoptar por iniciativa propia, al tiempo que criticaba la idea misma de
una economía competitiva. En 1825-28 volvió a intentar poner en
práctica sus principios en una nueva comunidad modélica llamada New
Harmony (Indiana, Estados Unidos); pero la empresa fracasó, en parte porque los trabajadores se habían acomodado, y se llevó la
fortuna personal de Owen.
De vuelta a Inglaterra,
pasó a ser un activista del incipiente movimiento obrero: fundó una
«Bolsa de cambio equitativo de trabajo», con la que esperaba desterrar
el dinero, el beneficio y la explotación del trabajo obrero; participó
activamente en el movimiento de los cartistas, que reivindicaban
pacíficamente la introducción de reformas democráticas en el sistema
político británico; y en 1833 se puso a la cabeza de la primera central
sindical británica de ámbito nacional (el Grand National Consolidated Trade Union), que llegó a tener medio millón de afiliados.
Fracasados
todos aquellos empeños, una nueva era de las luchas sociales iría
dejando atrás sus ideales; todavía apoyó una nueva comunidad owenista en
Harmony Hall (Hampshire, Inglaterra, 1839-45), editó un periódico de
propaganda socialista (El Nuevo Mundo Moral, 1834-46) y escribió algunos textos tardíos de tendencia más espiritualista.
martes, 26 de agosto de 2014
El movimiento ludita
El ludismo fue un movimiento social que se desarrolló básicamente en Inglaterra entre los años 1800 y 1830 y que fue movitado por la entrada de maquinaria en la industria (primero en la textil y luego se extendió a la agrícola) y por los despidos, el paro y las malas condiciones laborales de los trabajadores (sueldos bajos, riesgo para la salud y horarios agotadores), pero también por la quiebra de las empresas dedicadas a la manufacturación y un trabajo más artesano y tradicional. Los luditas exigían la retirada de la nueva maquinaria y, si tras la fecha señalada, los empresarios no las habían retirado, procedían a quemarlas.
La etimología de la palabra ludismo viene del Capitán Ludd, un personaje ficiticio al que convirtieron en su líder y con cuyo nombre firmaban las cartas intimidatorias contra los patrones.
La etimología de la palabra ludismo viene del Capitán Ludd, un personaje ficiticio al que convirtieron en su líder y con cuyo nombre firmaban las cartas intimidatorias contra los patrones.
domingo, 24 de agosto de 2014
El cartismo o La carta del pueblo
El cartismo fue un movimiento
popular que surgió en Reino Unido desde 1838 hasta 1848 y que expresaba
la agitación de la clase obrera, debido a los cambios derivados de la
Revolución Industrial, la coyuntura económica y a leyes promulgadas por
el Parlamento. Al igual que el ludismo,
el cartismo fue un movimiento propio de la primera etapa del movimiento
obrero pero, a diferencia de aquel, tuvo una índole esencialmente
política. Obtuvo su nombre de la Carta del Pueblo (People's Charter), un documento escrito el 7 de junio de 1837 en el British Coffee House de Londres, que fue enviado al Parlamento del Reino Unido en 1838, señalando las seis peticiones del movimiento:
-Sufragio universal masculino (a los hombres mayores de 21 años, cuerdos y sin antecedentes penales).
-Voto secreto.
-Sueldo anual para los diputados a fin de que posibilitase a los trabajadores el ejercicio de la política.
-Elecciones anunales al Parlamento que, aunque pudiera generar inestabilidad, evitaría el soborno.
-La participación de los obreros en el Parlamento mediante la abolición del requisito de propiedad para asistir al mismo.
-Establecimiento de circunscripciones iguales que asegurarsen la misma representación al mismo número de votantes.
Los defensores del cartismo pensaban que, cuando los trabajadores
alcanzasen el poder político, podrían adecuar las leyes a sus intereses
de clase. La duración de este movimiento abarcó una década, entre 1838 y
1848, aunque las reuniones del movimientos continuaron hasta 1852. Se
manifestó en tres oleadas: en 1838, 1842 y 1848.
Aunque el cartismo como movimiento no logró sus peticiones, tampoco
fue un fracaso. Se trató de una experiencia importante para la clase
obrera que, a partir de este momento, empezaró a exigir mejores
condiciones laborales, consciente del destacado rol que ocupaban dentro de la
sociedad, y que comenzó a apoyarse en las clases medias, ya que
después de esta experiencia se dieron cuenta de que no podrían conseguir
las reformas políticas necesarias para democratizar el sistema inglés
sin su apoyo. Con el tiempo, cinco de las reivindicaciones cartistas
fueron incorporadas a la vida política británica, excepto las elecciones
anuales al Parlamento.
jueves, 14 de agosto de 2014
Encuesta
¿Pensáis que son necesarias las escenas de sexo para que haya tensión sexual o esta puede darse en diálogos y actitudes? ¿Creéis que está lograda la química entre Sarah y John?
Me gustaría conocer vuestras opiniones, espero que os animéis. Gracias.
viernes, 25 de julio de 2014
Fragmento de HILLOCK PARK:
Una fábrica de
algodón había prendido. Ocurrió poco después de la llegada de los trabajadores
y nadie sabía cómo había empezado. Algunos que a esas horas pasaban por allí
comentaron que, de pronto, se extendió un gruesa columna de llamas y humo que
escapó por el techo del edificio y provocó un gran desconcierto. Huyeron cuando
se percataron de que se trataba de un incendio y del peligro de permanecer
cerca de las llamas y gritaron la voz de alarma mientras corrían. Tras unos
largos minutos de desorden y perturbación en las calles aledañas, se montó una
cadena humana desde el río hasta la fábrica para transportar baldes de agua a
la que se iban sumando otros trabajadores y hombres locales. También se ayudaron
de una fuente cercana a la parte sur del edificio, pero la falta de bombas de
agua y el retraso de la llegada del equipo de voluntarios demoró la efectividad
del esfuerzo. La planta principal de la fábrica había prendido de inmediato, al
igual que los barracones donde se almacenaba el algodón, y los afortunados que
habían logrado salir a tiempo gritaban y rezaban por aquellos que habían
quedado atrapados entre llamaradas y paredes desplomadas. Hubo un momento en
que el fuego alcanzó el depósito de toneles de pintura, disolvente y otras
sustancias volátiles y aquello se convirtió en un polvorín que obligó a los
voluntarios y a quienes miraban a refugiarse de lo estallidos. El fuego salpicó
a una pradera que propagó rápidamente las llamas y ahora amenazaba a unas casas
cercanas. Muchas personas habían quedado sepultadas irremediablemente y otras,
que permanecían en un barracón construido de ladrillos y cuya salida se había
visto bloqueada por un desplome, sufrían una agónica espera mientras suplicaban
que los voluntarios llegaran a tiempo. Tras unos minutos que parecieron horas,
por fin ellos mismos lograron abrir un boquete desde dentro y pudieron salvarse
casi una veintena, aunque mostraron signos de intoxicación y quemaduras en
distintas partes del cuerpo.
La fábrica
siniestrada era la del señor Hughes y pronto empezaron a correr rumores de
distinta índole sobre el origen del fuego. Unos señalaban al sindicato, molesto
por los sucesivos despidos y bajadas de sueldo; otros, a algún antiguo
trabajador aislado que se había tomado la justicia por su mano; los había que
señalaban al propio señor Hughes, que tenía el telar asegurado por una póliza
de suculenta cantidad y todos sabían que andaban malos tiempos para su negocio.
Las sospechas iban y venían como un viento que ahora azota estas ramas y luego
estas otras y combina la quietud con la sensación de fatalidad ante un regreso
inminente. Tocaron al señor Carter, el dueño del otro telar, que con la
destrucción de la competencia se adjudicaba nuevos compradores, pero en las
ráfagas de aire acusador también se oyó el nombre de Doyle, ya que parecía ser
que su pasado era turbio y ya había estado implicado en circunstancias
similares sin que nunca hubiera habido pruebas determinantes contra su persona.
Fuera quien fuera, si
alguien había provocado ese incendio con todos los operarios dentro, había
cometido el más atroz de los crímenes. Sarah lo escuchaba todo sin saber qué
pensar.
sábado, 19 de julio de 2014
Beethoven
¡Os dejo el enlace de la pieza que ejectua Susan Lorrimer en Hillock Park. ¡Espero que os guste!
https://www.youtube.com/watch?v=ZYdv5jk09XQ
https://www.youtube.com/watch?v=ZYdv5jk09XQ
martes, 15 de julio de 2014
¡Primera entrevista!
Entrevista que me han realizado en Mis Libros Preferidos. Solo una cosa: donde pone "de manos inglesas a manos
británicas" tuve un lapsus, debería poner "de manos inglesas a manos
españolas".
http://mislibrospreferidos.com/entrevistas/leer/184.jane-kelder
http://mislibrospreferidos.com/entrevistas/leer/184.jane-kelder
domingo, 13 de julio de 2014
Epílogo de Hillock Park.
EPÍLOGO DE HILLOCK PARK, DEDICADO A LAS LOCAS ( y libros de Romántica) SIN
MORDAZAS, EN ESPECIAL A LIV MIEL.
Esa
sensación venturosa se mezclaba con un titubeante pudor. Sarah notaba cierta
contradicción al sentir vergüenza y no tener de qué sentirse avergonzada, pero
lo cierto es que no se atrevía a enfrentar su mirada. Los segundos avanzaban
más lentos que la respiración que trataba de retener. Cuando notó la cercanía
de él, aún miraba hacia el suelo y, mientras temblaba, vio casi sin querer cómo
él extendía la mano y la dirigía lentamente hacia su mentón. Doyle la mantuvo
así unos instantes, rozándola apenas, sin tratar de levantarle la cabeza, y
luego, despacio y con una suavidad que la hizo estremecer, dejó deslizar sus
dedos hasta dejarlos cerca de uno de los lóbulos de sus orejas. Ella también
alzó su mano y agarró la de él y, todavía sin mirarlo, se la apretó. Sintió una
seguridad tremenda cuando notó que Doyle también se la estrechaba y poco a poco
fue levantando la mirada hasta posarla en aquella otra que la reclamaba.
No reconoció su expresión. En sus
ojos había un brillo infantil que nunca le había visto y, a la vez que lo
mostraban de un modo más tierno, no lograban restarle el aspecto varonil tan
especial que le despertaba tantas inquietudes.
-Sarah –repitió él-. Había perdido
la esperanza…
Luego él colocó su cabeza al lado de
la de ella, al tiempo que la acercaba hacia sí, y permanecieron así casi un
minuto, con las mejillas pegadas y perdidos uno en el aroma del otro y con
miedo a romper esa sensación. Ninguno quería moverse. Pero la naturaleza no
entiende de miedos y al poco los labios ya estaban casi juntos hasta que llegó
un momento en que la boca de Doyle atrapó la de Sarah, primero como en un suave
mordisco de posesión que enseguida se fue convirtiendo en un beso en el que se
buscaron el alma.
Pasó un rato antes de que él se
atreviera a romper el silencio.
-Ya conozco el sabor de la
felicidad.
Ella le regaló una sonrisa, pero
luego bajó los ojos de nuevo y dijo en voz baja:
-Lamento mucho haber pensado mal de
usted. ¡Cuánta razón tenía sobre lo limitada que era mi vida! Y mi capacidad de
ver, debió añadir –comentó ella enfadada consigo misma-. Aunque hubiera deseado
imaginar una persona tan comprometida, tan leal a sus propios principios, mi
imagen no hubiese sido tan perfecta como la que le he ido descubriendo.
-¿Perfecta? ¡Sí! ¡Tan perfecta que
me dejé cegar por los celos y pensé lo peor de usted! Llegué a creerla amante
de Friedman… Me he comportado como un imbécil, ¿podrá perdonarme?
-¿De Friedman? –se extrañó ella.
-En una ocasión la vi entrar en casa
de él y, cuando salió, yo también entré y, ya no recuerdo cómo, vi esa carta,
esa maldita carta de amor que estaba firmada por las iniciales de su prima ¡Pensé
que era de usted!
-¡Oh! Ahora entiendo su conducta
hacia mí…
-Sí, mi injusta e irracional
conducta. Habrá pensado que estaba motivada en el despecho…
-Habremos pensado ambos muchas cosas
que, por fortuna, ya no tienen efecto en nosotros.
-Hay algo que ha salido de su boca
que ya no puede perder su efecto…
-No quisiera que ninguna ofensa
pudiera dejar huella. ¿Qué dije? ¿Puede rectificarse?
-Esto –respondió él al tiempo que
volvía a besarla.
Esta vez las vacilaciones del primer
beso estuvieron ausentes y ella se atrevió a rodearle el cuello con los brazos
y a participar con la misma devoción. Una pasión desconocida se le despertó a
la vez que una sensación de plenitud en la que se quería perder… y se perdió a
base de besos y sonrisas transparentes o miradas cegadas en la veneración del
instante.
-Aún no te he oído pronunciar mi
nombre –dijo él cuando el reloj pasaba de las once y media.
-John…
-Casi
bien.
-¿Casi
bien? ¡John! –repitió ella de forma más enérgica.
-Falta
algo.
-¿Qué?
-“John,
acepto ser tu esposa”.
-¡Ah!
¿Así que eres un terco? –lo reprendió-. De acuerdo: John, si aún no has
retirado tu oferta, tal vez, y solo tal vez, después de otro beso, me plantee
aceptarla.
-¿Otro
beso? –preguntó el doctor Fischer, que acababa de entrar en la futura escuela
en busca de su amigo- ¿Esa es forma de trabajar?
viernes, 11 de julio de 2014
Agradecimiento
¡Buenos días, mundo! Ya van apareciendo las primeras opiniones sobre Hillock Park en internet. Celebro que esté gustando. Y, sobre todo,me encanta que la desmarquen de la narrativa romántica actual y la vinculen con la decimonónica. Era mi intención.
En algún caso los comentarios destacan que no haya escenas de sexo, ni eróticas y alaban la sutilidad de la sugerencia frente al mostrar. En otras hablan de la contextualización y cómo se ha logrado plasmar la atmósfera de la época, incluso varias personas han usado el adjetivo costumbrista.
Tal vez la portada y la colección en que se incluye la obra, o tal vez la moda actual, hayan hecho que las expectativas de lectura, en algún caso, fueran otras. No ha sido mi intención engañar. En el booktráiler no aparecen insinuaciones de que pueda ser una novela a la moda, al contario, la elección de cuadros del siglo XIX y de la música de Mendelssohn han procurardo crear un clima de presentación de lo que se puede encontrar.
Agradecida por las comparaciones con Jane Austen y Elizabeth Gaskell, estaré también encantada de conocer nuevas opiniones. Y, por supuesto, las críticas negativas serán bienvenidas porque de ellas se puede aprender mucho.
¡Un abrazo y animaos a opinar!
En algún caso los comentarios destacan que no haya escenas de sexo, ni eróticas y alaban la sutilidad de la sugerencia frente al mostrar. En otras hablan de la contextualización y cómo se ha logrado plasmar la atmósfera de la época, incluso varias personas han usado el adjetivo costumbrista.
Tal vez la portada y la colección en que se incluye la obra, o tal vez la moda actual, hayan hecho que las expectativas de lectura, en algún caso, fueran otras. No ha sido mi intención engañar. En el booktráiler no aparecen insinuaciones de que pueda ser una novela a la moda, al contario, la elección de cuadros del siglo XIX y de la música de Mendelssohn han procurardo crear un clima de presentación de lo que se puede encontrar.
Agradecida por las comparaciones con Jane Austen y Elizabeth Gaskell, estaré también encantada de conocer nuevas opiniones. Y, por supuesto, las críticas negativas serán bienvenidas porque de ellas se puede aprender mucho.
¡Un abrazo y animaos a opinar!
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