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jueves, 4 de septiembre de 2014

Agradecimiento

    Desde que el pasado 16 de junio  HILLOCK   PARK  fue publicada en versión digital, lleva permaneciendo en el Top 100 de ebooks más vendidos en Fnac.
     Estoy muy sorprendida de la calidad de los libros con las que mi novela comparte espacio y a los que ha superado en ventas. Me ilusiona y sorprende su buena acogida, sobre todo al tratarse de mi primera publicación y de que mi nombre aún es desconocido entre los lectores.
      Si alguien desde Fnac está recomendando Hillock Park, desde aquí quiero manifestar mi sincero agradecimiento. Del mismo modo, lo agradezco  a los lectores  y a aquellos que han confiado en mi novela.
   Un abrazo.



  

viernes, 29 de agosto de 2014

Robert Owen y el Socialismo utópico.

 




        Hijo de un artesano galés, autodidacta y empresario en la industria textil de algodón, Robert Owen, junto con unos socios, compró en 1799 la fábrica textil de New Lanark (Escocia).
     Conmovido por las consecuencias sociales de la introducción del capitalismo durante la primera revolución industrial, buscó la forma de promover una sociedad mejor desde su posición como empresario. Su gestión fue un experimento innovador, pues consiguió que la empresa arrojara beneficios introduciendo mejoras sustanciales para los trabajadores: elevó los salarios, sentó las bases de una seguridad social mutualista y proporcionó a los obreros condiciones dignas de vivienda, sanidad y educación. Este último fue para él el objetivo esencial, pues consideraba que una educación liberal y solidaria sería el mejor instrumento para acabar con la delincuencia y poner las bases para un futuro de justicia e igualdad.
       Owen fue un pionero del socialismo, inspirado aún por la fe de los pensadores ilustrados del siglo XVIII en el progreso humano y en la posibilidad de reformar gradualmente la sociedad mediante la razón, el convencimiento y la educación. Marx y Engels le clasificarían más tarde entre los socialistas que llamaron utópicos (en su época se cosideró un comunista utópico), ya que se esforzaban por diseñar una sociedad futura ideal (como la Utopía de Tomás Moro), confiando en que bastaría el ejemplo de unas pocas comunidades ideales de este tipo para convencer a la humanidad de sus ventajas y extender así el modelo de forma pacífica; al mismo tiempo, el término sugería que estos primeros socialistas europeos sostuvieron ideales quiméricos al soñar ingenuamente que podría pasarse al socialismo sin pasar por una revolución.

 


       

        La fama de Owen se extendió por Gran Bretaña y éste aprovechó su notoriedad para plasmar sus ideas en conferencias y libros, en los que fue desarrollando un ideal de socialismo gradualista y cooperativo, muchas de cuyas propuestas inspirarían a socialistas posteriores (incluido el propio Marx); entre las obras de Owen cabe destacar Una nueva visión de la sociedad (1813) y el Informe al Condado de Lanark (1821).
     Sin embargo, sus socios capitalistas en New Lanark desaprobaron una gestión tan generosa hacia los obreros y le desplazaron de la dirección. En el futuro, Owen pasaría a confiar más en la acción del Estado como impulsor de las reformas sociales necesarias que las clases acomodadas no iban a adoptar por iniciativa propia, al tiempo que criticaba la idea misma de una economía competitiva. En 1825-28 volvió a intentar poner en práctica sus principios en una nueva comunidad modélica llamada New Harmony (Indiana, Estados Unidos); pero la empresa fracasó, en parte porque los trabajadores  se habían acomodado, y se llevó la fortuna personal de Owen. 



     
       De vuelta a Inglaterra, pasó a ser un activista del incipiente movimiento obrero: fundó una «Bolsa de cambio equitativo de trabajo», con la que esperaba desterrar el dinero, el beneficio y la explotación del trabajo obrero; participó activamente en el movimiento de los cartistas, que reivindicaban pacíficamente la introducción de reformas democráticas en el sistema político británico; y en 1833 se puso a la cabeza de la primera central sindical británica de ámbito nacional (el Grand National Consolidated Trade Union), que llegó a tener medio millón de afiliados.
Fracasados todos aquellos empeños, una nueva era de las luchas sociales iría dejando atrás sus ideales; todavía apoyó una nueva comunidad owenista en Harmony Hall (Hampshire, Inglaterra, 1839-45), editó un periódico de propaganda socialista (El Nuevo Mundo Moral, 1834-46) y escribió algunos textos tardíos de tendencia más espiritualista.

martes, 26 de agosto de 2014

El movimiento ludita

     El ludismo fue un movimiento social que se desarrolló básicamente en Inglaterra entre los años 1800 y 1830 y que fue movitado por la entrada de maquinaria en la industria (primero en la textil y luego se extendió a la agrícola) y por los despidos, el paro y las malas condiciones laborales de los trabajadores (sueldos bajos, riesgo para la salud y horarios agotadores), pero también por la quiebra de las empresas dedicadas a la manufacturación y un trabajo más artesano y tradicional. Los luditas exigían la retirada de la nueva maquinaria y, si tras la fecha señalada, los empresarios no las habían retirado, procedían a quemarlas.

   La etimología de la palabra ludismo viene del Capitán Ludd, un personaje ficiticio al que convirtieron en su líder y con cuyo nombre firmaban las cartas intimidatorias contra los patrones.




   

domingo, 24 de agosto de 2014

El cartismo o La carta del pueblo

             El cartismo fue un movimiento popular que surgió en Reino Unido desde 1838 hasta 1848 y que expresaba la agitación de la clase obrera, debido a los cambios derivados de la Revolución Industrial, la coyuntura económica y a leyes promulgadas por el Parlamento. Al igual que el ludismo, el cartismo fue un movimiento propio de la primera etapa del movimiento obrero pero, a diferencia de aquel, tuvo una índole esencialmente política. Obtuvo su nombre de la Carta del Pueblo (People's Charter), un documento escrito el 7 de junio de 1837 en el British Coffee House de Londres, que fue enviado al Parlamento del Reino Unido en 1838, señalando las seis peticiones del movimiento:

-Sufragio universal masculino (a los hombres mayores de 21 años, cuerdos y sin antecedentes penales).
-Voto secreto.
-Sueldo anual para los diputados a fin de que posibilitase a los trabajadores el ejercicio de la política.
-Elecciones anunales al Parlamento que, aunque pudiera generar inestabilidad, evitaría el soborno.
-La participación de los obreros en el Parlamento mediante la abolición del requisito de propiedad para asistir al mismo.
-Establecimiento de circunscripciones iguales que asegurarsen la misma representación al mismo número de votantes.

           Los defensores del cartismo pensaban que, cuando los trabajadores alcanzasen el poder político, podrían adecuar las leyes a sus intereses de clase. La duración de este movimiento abarcó una década, entre 1838 y 1848, aunque las reuniones del movimientos continuaron hasta 1852. Se manifestó en tres oleadas: en 1838, 1842 y 1848.
          


Aunque el cartismo como movimiento no logró sus peticiones, tampoco fue un fracaso. Se trató de una experiencia importante para la clase obrera que, a partir de este momento, empezaró a exigir mejores condiciones laborales, consciente del destacado rol que ocupaban dentro de la sociedad, y que comenzó a apoyarse en las clases medias, ya que después de esta experiencia se dieron cuenta de que no podrían conseguir las reformas políticas necesarias para democratizar el sistema inglés sin su apoyo. Con el tiempo, cinco de las reivindicaciones cartistas fueron incorporadas a la vida política británica, excepto las elecciones anuales al Parlamento.

jueves, 14 de agosto de 2014

Encuesta


       ¿Pensáis que son necesarias las escenas de sexo para que haya tensión sexual o esta puede darse en diálogos y actitudes? ¿Creéis que está lograda la química entre Sarah y John?
       Me gustaría conocer vuestras opiniones, espero que os animéis. Gracias.

viernes, 25 de julio de 2014

Fragmento de HILLOCK PARK:





Una fábrica de algodón había prendido. Ocurrió poco después de la llegada de los trabajadores y nadie sabía cómo había empezado. Algunos que a esas horas pasaban por allí comentaron que, de pronto, se extendió un gruesa columna de llamas y humo que escapó por el techo del edificio y provocó un gran desconcierto. Huyeron cuando se percataron de que se trataba de un incendio y del peligro de permanecer cerca de las llamas y gritaron la voz de alarma mientras corrían. Tras unos largos minutos de desorden y perturbación en las calles aledañas, se montó una cadena humana desde el río hasta la fábrica para transportar baldes de agua a la que se iban sumando otros trabajadores y hombres locales. También se ayudaron de una fuente cercana a la parte sur del edificio, pero la falta de bombas de agua y el retraso de la llegada del equipo de voluntarios demoró la efectividad del esfuerzo. La planta principal de la fábrica había prendido de inmediato, al igual que los barracones donde se almacenaba el algodón, y los afortunados que habían logrado salir a tiempo gritaban y rezaban por aquellos que habían quedado atrapados entre llamaradas y paredes desplomadas. Hubo un momento en que el fuego alcanzó el depósito de toneles de pintura, disolvente y otras sustancias volátiles y aquello se convirtió en un polvorín que obligó a los voluntarios y a quienes miraban a refugiarse de lo estallidos. El fuego salpicó a una pradera que propagó rápidamente las llamas y ahora amenazaba a unas casas cercanas. Muchas personas habían quedado sepultadas irremediablemente y otras, que permanecían en un barracón construido de ladrillos y cuya salida se había visto bloqueada por un desplome, sufrían una agónica espera mientras suplicaban que los voluntarios llegaran a tiempo. Tras unos minutos que parecieron horas, por fin ellos mismos lograron abrir un boquete desde dentro y pudieron salvarse casi una veintena, aunque mostraron signos de intoxicación y quemaduras en distintas partes del cuerpo.


La fábrica siniestrada era la del señor Hughes y pronto empezaron a correr rumores de distinta índole sobre el origen del fuego. Unos señalaban al sindicato, molesto por los sucesivos despidos y bajadas de sueldo; otros, a algún antiguo trabajador aislado que se había tomado la justicia por su mano; los había que señalaban al propio señor Hughes, que tenía el telar asegurado por una póliza de suculenta cantidad y todos sabían que andaban malos tiempos para su negocio. Las sospechas iban y venían como un viento que ahora azota estas ramas y luego estas otras y combina la quietud con la sensación de fatalidad ante un regreso inminente. Tocaron al señor Carter, el dueño del otro telar, que con la destrucción de la competencia se adjudicaba nuevos compradores, pero en las ráfagas de aire acusador también se oyó el nombre de Doyle, ya que parecía ser que su pasado era turbio y ya había estado implicado en circunstancias similares sin que nunca hubiera habido pruebas determinantes contra su persona.
Fuera quien fuera, si alguien había provocado ese incendio con todos los operarios dentro, había cometido el más atroz de los crímenes. Sarah lo escuchaba todo sin saber qué pensar.

sábado, 19 de julio de 2014

Beethoven

   ¡Os dejo el enlace de la pieza que ejectua Susan Lorrimer en Hillock Park. ¡Espero que os guste!


   https://www.youtube.com/watch?v=ZYdv5jk09XQ

martes, 15 de julio de 2014

¡Primera entrevista!

Entrevista que me han realizado en Mis Libros Preferidos. Solo una cosa: donde pone "de manos inglesas a manos británicas" tuve un lapsus, debería poner "de manos inglesas a manos españolas". 


 http://mislibrospreferidos.com/entrevistas/leer/184.jane-kelder

domingo, 13 de julio de 2014

Epílogo de Hillock Park.



            EPÍLOGO DE HILLOCK PARK, DEDICADO A LAS LOCAS ( y libros de Romántica) SIN MORDAZAS, EN ESPECIAL A LIV MIEL.

Esa sensación venturosa se mezclaba con un titubeante pudor. Sarah notaba cierta contradicción al sentir vergüenza y no tener de qué sentirse avergonzada, pero lo cierto es que no se atrevía a enfrentar su mirada. Los segundos avanzaban más lentos que la respiración que trataba de retener. Cuando notó la cercanía de él, aún miraba hacia el suelo y, mientras temblaba, vio casi sin querer cómo él extendía la mano y la dirigía lentamente hacia su mentón. Doyle la mantuvo así unos instantes, rozándola apenas, sin tratar de levantarle la cabeza, y luego, despacio y con una suavidad que la hizo estremecer, dejó deslizar sus dedos hasta dejarlos cerca de uno de los lóbulos de sus orejas. Ella también alzó su mano y agarró la de él y, todavía sin mirarlo, se la apretó. Sintió una seguridad tremenda cuando notó que Doyle también se la estrechaba y poco a poco fue levantando la mirada hasta posarla en aquella otra que la reclamaba.
            No reconoció su expresión. En sus ojos había un brillo infantil que nunca le había visto y, a la vez que lo mostraban de un modo más tierno, no lograban restarle el aspecto varonil tan especial que le despertaba tantas inquietudes.
            -Sarah –repitió él-. Había perdido la esperanza…
            Luego él colocó su cabeza al lado de la de ella, al tiempo que la acercaba hacia sí, y permanecieron así casi un minuto, con las mejillas pegadas y perdidos uno en el aroma del otro y con miedo a romper esa sensación. Ninguno quería moverse. Pero la naturaleza no entiende de miedos y al poco los labios ya estaban casi juntos hasta que llegó un momento en que la boca de Doyle atrapó la de Sarah, primero como en un suave mordisco de posesión que enseguida se fue convirtiendo en un beso en el que se buscaron el alma.
            Pasó un rato antes de que él se atreviera a romper el silencio.
            -Ya conozco el sabor de la felicidad.
            Ella le regaló una sonrisa, pero luego bajó los ojos de nuevo y dijo en voz baja:
            -Lamento mucho haber pensado mal de usted. ¡Cuánta razón tenía sobre lo limitada que era mi vida! Y mi capacidad de ver, debió añadir –comentó ella enfadada consigo misma-. Aunque hubiera deseado imaginar una persona tan comprometida, tan leal a sus propios principios, mi imagen no hubiese sido tan perfecta como la que le he ido descubriendo.
            -¿Perfecta? ¡Sí! ¡Tan perfecta que me dejé cegar por los celos y pensé lo peor de usted! Llegué a creerla amante de Friedman… Me he comportado como un imbécil, ¿podrá perdonarme?
            -¿De Friedman? –se extrañó ella.
            -En una ocasión la vi entrar en casa de él y, cuando salió, yo también entré y, ya no recuerdo cómo, vi esa carta, esa maldita carta de amor que estaba firmada por las iniciales de su prima ¡Pensé que era de usted!
            -¡Oh! Ahora entiendo su conducta hacia mí…
            -Sí, mi injusta e irracional conducta. Habrá pensado que estaba motivada en el despecho…
            -Habremos pensado ambos muchas cosas que, por fortuna, ya no tienen efecto en nosotros.
            -Hay algo que ha salido de su boca que ya no puede perder su efecto…
            -No quisiera que ninguna ofensa pudiera dejar huella. ¿Qué dije? ¿Puede rectificarse?
            -Esto –respondió él al tiempo que volvía a besarla.
            Esta vez las vacilaciones del primer beso estuvieron ausentes y ella se atrevió a rodearle el cuello con los brazos y a participar con la misma devoción. Una pasión desconocida se le despertó a la vez que una sensación de plenitud en la que se quería perder… y se perdió a base de besos y sonrisas transparentes o miradas cegadas en la veneración del instante.
            -Aún no te he oído pronunciar mi nombre –dijo él cuando el reloj pasaba de las once y media.
-John…
-Casi bien.
-¿Casi bien? ¡John! –repitió ella de forma más enérgica.
-Falta algo.
-¿Qué?
-“John, acepto ser tu esposa”.
-¡Ah! ¿Así que eres un terco? –lo reprendió-. De acuerdo: John, si aún no has retirado tu oferta, tal vez, y solo tal vez, después de otro beso, me plantee aceptarla.
-¿Otro beso? –preguntó el doctor Fischer, que acababa de entrar en la futura escuela en busca de su amigo- ¿Esa es forma de trabajar?

viernes, 11 de julio de 2014

Agradecimiento

        ¡Buenos días, mundo! Ya van apareciendo las primeras opiniones sobre Hillock Park en internet. Celebro que esté gustando. Y, sobre todo,me encanta que la desmarquen de la narrativa romántica actual y la vinculen con la decimonónica. Era mi intención.
        En algún caso los comentarios destacan que no haya escenas de sexo, ni eróticas y alaban la sutilidad de la sugerencia frente al mostrar. En otras hablan de la contextualización y cómo se ha logrado plasmar la atmósfera de la época, incluso varias personas han usado el adjetivo costumbrista.  
        Tal vez la portada y la colección en que se incluye la obra, o tal vez la moda actual, hayan hecho que las expectativas de lectura, en algún caso, fueran otras. No ha sido mi intención engañar. En el booktráiler no aparecen insinuaciones de que pueda ser una novela a la moda, al contario, la elección de cuadros del siglo XIX y de la música de Mendelssohn han procurardo crear un clima de presentación de lo que se puede encontrar.
        Agradecida por las comparaciones con Jane Austen y Elizabeth Gaskell, estaré también encantada de conocer nuevas opiniones. Y, por supuesto, las críticas negativas serán bienvenidas porque de ellas se puede aprender mucho.
         ¡Un abrazo y animaos a opinar!