Hijo de un artesano galés, autodidacta y empresario en la industria textil de algodón, Robert Owen, junto con unos socios, compró en 1799 la fábrica textil de New Lanark (Escocia).
Conmovido por las consecuencias sociales de la
introducción del capitalismo durante la primera revolución industrial,
buscó la forma de promover una sociedad mejor desde su posición como
empresario. Su gestión fue un experimento innovador, pues consiguió que
la empresa arrojara beneficios introduciendo mejoras sustanciales para
los trabajadores: elevó los salarios, sentó las bases de una seguridad
social mutualista y proporcionó a los obreros condiciones dignas de
vivienda, sanidad y educación. Este último fue para él el objetivo
esencial, pues consideraba que una educación liberal y solidaria sería
el mejor instrumento para acabar con la delincuencia y poner las bases
para un futuro de justicia e igualdad.
Owen fue un
pionero del socialismo, inspirado aún por la fe de los pensadores
ilustrados del siglo XVIII en el progreso humano y en la posibilidad de
reformar gradualmente la sociedad mediante la razón, el convencimiento y
la educación. Marx y Engels le clasificarían más tarde entre los
socialistas que llamaron utópicos (en su época se cosideró un comunista utópico), ya que se esforzaban por diseñar una sociedad futura ideal (como la Utopía de
Tomás Moro), confiando en que bastaría el ejemplo de unas pocas
comunidades ideales de este tipo para convencer a la humanidad de sus
ventajas y extender así el modelo de forma pacífica; al mismo tiempo, el
término sugería que estos primeros socialistas europeos sostuvieron
ideales quiméricos al soñar ingenuamente que podría pasarse al
socialismo sin pasar por una revolución.

Sin
embargo, sus socios capitalistas en New Lanark desaprobaron una gestión
tan generosa hacia los obreros y le desplazaron de la dirección. En el
futuro, Owen pasaría a confiar más en la acción del Estado como impulsor
de las reformas sociales necesarias que las clases acomodadas no iban a
adoptar por iniciativa propia, al tiempo que criticaba la idea misma de
una economía competitiva. En 1825-28 volvió a intentar poner en
práctica sus principios en una nueva comunidad modélica llamada New
Harmony (Indiana, Estados Unidos); pero la empresa fracasó, en parte porque los trabajadores se habían acomodado, y se llevó la
fortuna personal de Owen.
De vuelta a Inglaterra,
pasó a ser un activista del incipiente movimiento obrero: fundó una
«Bolsa de cambio equitativo de trabajo», con la que esperaba desterrar
el dinero, el beneficio y la explotación del trabajo obrero; participó
activamente en el movimiento de los cartistas, que reivindicaban
pacíficamente la introducción de reformas democráticas en el sistema
político británico; y en 1833 se puso a la cabeza de la primera central
sindical británica de ámbito nacional (el Grand National Consolidated Trade Union), que llegó a tener medio millón de afiliados.
Fracasados
todos aquellos empeños, una nueva era de las luchas sociales iría
dejando atrás sus ideales; todavía apoyó una nueva comunidad owenista en
Harmony Hall (Hampshire, Inglaterra, 1839-45), editó un periódico de
propaganda socialista (El Nuevo Mundo Moral, 1834-46) y escribió algunos textos tardíos de tendencia más espiritualista.